viernes, 3 de marzo de 2023

Despidos masivos en empresas tecnológicas. El problema de la automatización en manos de una minoría




Ya en noviembre de 2022, The Wall Street Journal adelantaba despidos masivos en Meta, la empresa matriz de Facebook. Días después la propia Meta anunciaba el despido de 11.000 trabajadores, el 13% de su plantilla, el 18% de la plantilla española. En ese mismo mes, Twitter despedía a entre 4.400 y 5.500 trabajadores, echando a la calle al 83% de la plantilla en España. A finales de mes, Google anunciaba su intención de calificar a 10.000 trabajadores como “de bajo rendimiento”, en un adelanto de los 12.000 despidos que fueron anunciados en enero de 2023.


Los despidos masivos en empresas tecnológicas han continuado extendiéndose por todo el mundo en estos últimos 3 meses. En diciembre la tecnológica francesa Atos anunciaba que preveía 7.500 despidos en Europa en los próximos 2 años. Amazon arrancaba el año 2023 anunciando 18.000 despidos, incluido el cierre de centros logísticos que conllevan a su vez más despidos indirectos, como los 600 trabajadores despedidos de un almacén que explotaba DHL en Aragón. También en enero Microsoft anunciaba 10.000 despidos, el 5% de su plantilla, IBM 3.900 despidos, SAP 3.000 despidos y Phillips 6.000 despidos. Y no sólo empresas puramente tecnológicas han anunciado despidos. Glovo despedirá al 6,5% de sus trabajadores y McDonald's anuncia despidos para 2023.


Estos son sólo algunos ejemplos de los efectos que la automatización en manos de una minoría parasitaria, pueden causar en el mundo del trabajo. Los propios organismos capitalistas vaticinaban ya esta situación cuando en 2017, el McKinsey Global Institute con la participación de expertos del departamento de Economía de Oxford y el Banco Mundial, publicaban las cifras sobre destrucción de empleo en 2030 a causa de la automatización, anunciando que entre 400 y 800 millones de personas perderán sus puestos de trabajo, de los cuales cerca de 375 millones no encontrarán un nuevo trabajo debido a la falta de conocimientos y preparación. De nuevo en 2020, los economistas Ziad Daoud y Scott Johnson publicaban unas cifras de destrucción de puestos de trabajo que no bajan de los 800 millones. De hecho Amazon lleva meses despidiendo a reclutadores y sustituyendolos por inteligencia artificial.


Toda esta destrucción de puestos de trabajo se produce en un contexto de acumulación de riqueza por parte de una pequeña minoría que cada vez concentra más recursos en sus manos. En diciembre de 2022, el Banco de España informaba de que los beneficios de las empresas habían crecido en ese año 7 veces más que los salarios. Según un informe de la Agencia Tributaria, las empresas dispararon sus beneficios hasta un 25% en los 10 primeros meses de 2022. Según un informe de Oxfam Intermón, el 1% de la población más rica acumula casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada a nivel global entre diciembre de 2019 y diciembre de 2021.


Por su parte, la clase trabajadora, aun quienes consiguen mantener de momento su puesto de trabajo, no para de empobrecerse cada vez más. En 2022 los salarios sufrieron la mayor pérdida de poder adquisitivo desde 1985, perdiendo más de 7 millones de trabajadores casi un 6%. La pobreza se dispara en el Estado español, donde en 2021 más de 13 millones de personas estaban en riesgo de pobreza y casi el 45% difícilmente llegaba a fin de mes, mientras que 69 de las 100 personas más ricas del Estado no pagan impuesto sobre el patrimonio. Los pequeños autónomos cada día se proletarizan más, habiéndose perdido entre el 30 de junio de 2022 y el 31 de enero de 2023 más de 43.700, cerrando en ese semestre 203 negocios al día.


Si analizamos toda la situación, las conclusiones son claras: 


  • Unos medios de producción concentrados cada vez en menos manos.

  • Monopolios que acaban con los pequeños y medianos negocios.

  • La clase trabajadora perdiendo poder adquisitivo.

  • Las fuerzas productivas elevadas a su máxima expresión a través de la automatización, la robotización y la inteligencia artificial. 


Unos datos que nos muestran que las actuales relaciones de producción están obsoletas.


La realidad y los hechos nos muestran claramente que, actualmente, el capitalismo es objetivamente un obstáculo para el desarrollo humano y sus contradicciones son completamente insalvables. La automatización está generando que la producción de bienes y servicios sea cada vez mayor. Nunca en toda la historia se han producido tantas mercancías, pero a su vez, se están destruyendo puestos de trabajo y depauperando las condiciones de vida de la clase trabajadora, que es la mayoría de la humanidad y, por tanto, quienes compran y consumen las mercancías producidas. La pérdida generalizada de poder adquisitivo incide en la venta de mercancías, de bienes y servicios generados a ritmos cada vez mayores, por lo que una nueva crisis de sobreproducción tras otra acorralan cada vez más a las relaciones de producción capitalistas, que ya no pueden sino constreñir el desarrollo humano.


Los trabajadores aislados somos víctimas de las enormes contradicciones del sistema, empujados hacia el abismo por la inercia del día a día, dejando que otros decidan nuestro futuro y confiando en que las cosas se solucionarán por sí solas. Pero la realidad es bien distinta, y mientras pensemos como individuos aislados, los monopolios que dirigen el mundo seguirán implementando las medidas que les permitan apropiarse de cada vez una mayor parte de la riqueza generada con nuestro trabajo. Por lo tanto, es imprescindible que los trabajadores nos organicemos bajo el paraguas del sindicalismo de clase de la Federación Sindical Mundial, que en España está representada por ASC, organizando a nuestros compañeros en los centros de trabajo para construir otro futuro distinto al que nos están empujando una minoría parasitaria.


 

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